Es un programa inspirado en los enfoques de salud pública para la prevención de la violencia armada relacionada con pandillas (“Cure Violence Health Model”). El objetivo es reducir los tiroteos mortales y no mortales interrumpiendo los conflictos en curso, trabajando con las personas de mayor riesgo para modificar los comportamientos relacionados con la violencia y producir cambios en las normas de la comunidad.
Las actividades corrieron a cargo de un equipo formado en mediación de conflictos, denominado Interruptores de la Violencia. El equipo prestó servicio tanto a la comunidad como a las personas con mayor riesgo de participar en grupos violentos. Las acciones incluyen la movilización de la comunidad y la participación de la policía y la fiscalía [1].
La mediación de conflictos consta de dos componentes:
1) Prevención de incidentes: cuando uno de los miembros del equipo se enteraba de una pelea/conflicto en curso, de alguna disputa activa o de un posible episodio de represalias, estos profesionales se reunían con las partes implicadas y utilizaban técnicas diseñadas para desactivar la disputa y prevenir la incidencia de episodios de violencia.
2) Identificación y tratamiento de los miembros de la comunidad más expuestos: en este caso, se movilizaba a los llamados trabajadores de enlace, quienes actuaban como gestores de casos, atendiendo a los jóvenes y adultos de alto riesgo que habían aceptado formar parte del programa [1].