Es una intervención que aplica la teoría de las ventanas rotas a los puntos conflictivos. El objetivo es eliminar los signos visibles de desorden y delincuencia en el barrio, con el fin de reducir realmente la delincuencia y aumentar la percepción de seguridad entre los residentes.
Los agentes de policía recibieron instrucciones de no ignorar ningún tipo de desorden físico o social en las zonas señaladas, pero tenían libertad para elegir qué tácticas aplicar en cada caso. Se seleccionaron un total de 55 calles para añadir turnos extra de 3 horas de patrullaje policial a la semana. La intervención duró 6 meses.