Se trata de una estrategia de disuasión focalizada centrada en la formación de un equipo multidisciplinar compuesto por fuerzas de seguridad, académicos, médicos, abogados, defensores y líderes comunitarios. Su objetivo es reducir los homicidios y la violencia con armas de fuego relacionada con las bandas.
La estrategia de intervención consiste en contactar a los miembros de las bandas en situación de vulnerabilidad para reforzar la severidad del castigo por los delitos violentos; elevar los costes de estar involucrado en la delincuencia; ofrecer alternativas a la participación en las bandas, como la formación laboral para los infractores socialmente vulnerables y reincidentes y la formación en habilidades sociales, y promover la reeducación social con respecto a la violencia.
Se abordaron las comunidades con altos índices de violencia armada y dominio de las bandas. Un equipo de fiscales reclutó a adolescentes en riesgo para los servicios sociales y los involucró en actividades relacionadas con el cese de la violencia, la mediación y el intercambio de mensajes y actitudes no violentas en la comunidad.
El equipo de participación comunitaria animó a los miembros de la comunidad a participar en diversos programas y eventos para reforzar los vínculos colectivos y el control social informal. El equipo organizó programas de prevención de la violencia, actividades de divulgación para jóvenes en situación de riesgo, funerales y vigilias, capacitaciones y otros actos de participación comunitaria.