Es un modelo de intervención breve orientado a fortalecer a las familias con niños/as y adolescentes de 7 a 18 años, implementado poco después de un evento potencialmente traumático o la develación de episodios de abuso físico y sexual.
El objetivo es reducir los síntomas y prevenir el desarrollo del trastorno de estrés postraumático (TEPT) en los niños/as, así como mejorar la capacidad de los adultos cuidadores de lidiar con los síntomas a través de un mayor conocimiento de los mismos, habilidades de comunicación y las estrategias de manejo de reacciones traumáticas.
La intervención consiste en una labor conjunta de trabajadores sociales y psicoterapeutas en los entornos hospitalarios, escolares y terapéuticos. La intervención dura de cuatro a seis semanas, pero, cuando es necesario, los niños/as y sus familias son remitidos para tratamientos a largo plazo.