Una evaluación de impacto evidenció que los participantes en el programa tenían un 45% menos de probabilidades de volver a ser detenidos, frente al 58% del grupo de control, que no recibió la intervención; un 15% menos de probabilidades de volver a ser condenados, frente al 30% del grupo de control, y un 32% menos de probabilidades de volver a prisión, frente al 44% del grupo de control [1].