Una evaluación de impacto evidenció que, después de seis meses, los niños/as que asistieron al programa tenían menos probabilidades de sufrir recurrencia de abuso o negligencia infantil y, después de 12 meses, menores probabilidades de reingresar en hogares adoptivos [1].
El estudio tuvo un diseño cuasi experimental, con una muestra de 1.354 niños/as de 839 familias residentes en un condado rural de Appalachian con altas tasas de pobreza, consumo de drogas y abuso de niños/as. De este total, 451 niños/as (de 322 familias) estaban en el grupo de intervención y recibieron el tratamiento START, y 359 niños/as (de 150 familias) estaban en el grupo de comparación correspondiente, sin recibir tratamiento [1].