Es un experimento para evaluar la eficacia de los programas policiales de puntos calientes en zonas urbanas y suburbanas. El objetivo es evaluar si las estrategias reducen la delincuencia en zonas con altos índices de criminalidad. Los datos sobre la actividad delictiva en las localidades seleccionadas se recogieron durante dos años antes de la aplicación de la intervención.
La intervención le asigna uno o dos lugares específicos a cada policía, en los que se debe patrullar de 12 a 15 minutos cada 2 o 3 horas en horarios aleatorios. Los agentes tienen instrucciones de actuar de forma proactiva cuando sea necesario, pero no reciben órdenes específicas de lo que deben hacer mientras patrullan los puntos conflictivos.