Una evaluación de impacto evidenció que la tasa de robo de vehículos con inmovilizadores de motor se redujo en comparación con los automóviles sin el dispositivo instalado. En tal sentido, de los 116.906 vehículos robados en el año 2000, el 91,2% no tenía inmovilizador, el 4,9% tenía un inmovilizador que no cumplía con los estándares australianos y el 3,9% no cumplía con los estándares locales [1].
En el contexto de esta intervencion, los inmovilizadores más efectivos fueron aquellos que cumplían con los estándares de seguridad más estrictos.