Una evaluación de impacto evidenció que, a los tres meses de seguimiento, los padres que participaron en el programa informaron de una disminución estadísticamente significativa de las estrategias disciplinarias duras y de mayores expectativas sobre el desarrollo adecuado de sus hijos/as (por ejemplo, esperaban que los niños/as fueran capaces de alimentarse solos). Además, el estudio indicó un aumento del estrés parental entre los padres que participaron en el programa en comparación con los del grupo de control. No se observaron efectos significativos en la educación de los niños/as [1].
El estudio tenía un diseño experimental, con un tamaño de muestra de 271 padres, de los cuales 162 fueron asignados a participar en la intervención y 109 al grupo de comparación, que participó únicamente en los servicios comunitarios tradicionales. Los participantes fueron reclutados en agencias de servicios sociales de Chicago [1].