Se trata de un programa de policía de proximidad y orientado a la resolución de problemas cuyo objetivo es reducir la delincuencia, el desorden y el consumo de drogas y aumentar la calidad de vida en el barrio.
Los agentes se reunieron con la comunidad local en un parque público para recabar información sobre los principales problemas del barrio. El enfoque policial se centró en el consumo de alcohol y drogas por parte de los jóvenes y la estrategia utilizada incluyó patrullas proactivas e intervenciones centradas en los infractores, como la inhibición del consumo de alcohol y otras drogas en parques y plazas públicas.
También se pusieron en marcha toques de queda y grupos de vigilancia comunitaria que aumentaron la comunicación entre la policía y los residentes, así como reuniones mensuales para debatir los índices de delincuencia y las medidas para lograr mejoras en el barrio.