Una evaluación de impacto concluyó que, aunque se hayan observado reducciones en los niveles de violencia de pareja entre las mujeres de los grupos de tratamiento y de control, la intervención no fue comparativamente más eficaz para reducir dicha violencia. Por otra parte, las que recibieron tratamiento tuvieron una mejora en la calidad de vida y la salud mental. Además, las enfermeras pueden desempeñar un papel de apoyo en la asistencia a las mujeres que hayan sufrido violencia de pareja [1].
El estudio tenía un diseño experimental, con un tamaño de muestra total de 950 participantes (480 en clínicas de control; 470 en clínicas de tratamiento), las cuales se presentaron en las 42 clínicas que participaron en el programa [1].