El policiamiento enfocado en el desorden y perturbación de la tranquilidad se basa en la teoría de las “ventanas rotas”, de acuerdo con la cual el desorden es el precursor de delitos más serios, el miedo al delito y la decadencia del barrio [1]. Esta estrategia de policiamiento tuvo como precursora la experiencia de Nueva York (EE.UU.) en los años noventa, cuando la policía de dicha ciudad comenzó a implementar la estrategia junto con una serie mayor de cambios organizacionales.
El policiamiento del desorden puede aplicarse a través de dos tácticas principales: de modo combinado con el policiamento comunitario y orientado a la resolución de problemas o a través de estrategias de tolerancia cero.
En el primer caso, la intervención tiene como objetivo una acción policial proactiva que, a partir de un diagnóstico detallado, define las acciones prioritarias, centrándose en los pequeños delitos y desórdenes como, por ejemplo, la alteración del orden público.
Ya en el caso de la tolerancia cero, la policía intenta imponer el orden a través del policiamiento estricto (la aplicación de sanciones administrativas, arrestos para delitos leves y contravenciones, detenciones de corta duración, interdicción de lugares comerciales, multas, etc.).
La característica que une estas dos tácticas es su enfoque en la reducción del desorden vecinal (material y social) como un mecanismo para prevenir y/o reducir el crimen.