Una evaluación de impacto mostró que los adolescentes que participaron en el programa presentaron niveles significativamente mejores de autoestima, y menos pensamientos y sentimientos negativos, comparados con el grupo control que no recibió la intervención [1].
Los casos tratados también tuvieron mejores redes de pares prosociales y menos amigos que aporten influencias sociales negativas. No hubo mejoras en impulsividad, perspectiva futura positiva, aspiraciones futuras o motivación al cambio [1].
En general, los beneficiarios del programa mostraron un menor índice de problemas emocionales y de conducta, y tuvieron mejoras significativas en su bienestar general. Sin embargo, los casos tratados no mostraron mejores resultados que los casos de control en términos de su participación autoreportada en delitos, ni en sus niveles de consumo de alcohol y drogas [1].