Una evaluación de impacto evidenció que, a los 36 meses de seguimiento, los adolescentes participantes en el programa tenían más probabilidades de tener un empleo y terminar la enseñanza secundaria, en comparación con los adolescentes del grupo de control que no recibieron la intervención [1].
Sin embargo, no hubo efectos estadísticamente significativos sobre el número de detenciones ni los niveles declarados de conducta delictiva, consumo de drogas ilegales y angustia psicológica [1].